
- Tengo libros que, además de por el contenido valoro como objetos, casi de arte, por su calidad de encuadernación, por sus imágenes etc, y otros que consulto de vez en cuando. El resto se que no los volveré a leer y cuando alguien se interesa por alguno de ellos se lo presto sin necesidad de devolución. Tengo amigos que hacen lo mismo y de los que de vez en cuando recibo ejemplares que leo con gusto y que a su vez cedo a otros para que siga la bola. Pues bien esto ha de ser prohibido por ley.
- Una mejora de la sugerencia anterior, sería que los libros de simple lectura fueran dotados de un chip que detectase final de lectura y actuara destruyendo al libro, no necesariamente de forma violenta es decir con una explosión, podría ser haciendo aparecer algún tipo de tinta que emborronara las páginas.
- Una variante del anterior punto sería que el libro tuviera fecha de caducidad, y el dichoso chip actuara al ser rebasada ésta.
- Se pueden editar libros con pluralidad de lecturas, por supuesto a precio superior, de tal forma que el chip controlador active la destrucción al ser alcanzado el número estipulado de lectores
- De la misma manera que en una peluquería de caballeros, de una localidad que no recuerdo, entró un inspector de la SGAE disfrazado de cliente y se percató que en el establecimiento funcionaba habitualmente un receptor de radio que emitía informaciones y canciones que el paciente cliente en espera escuchaba con más o menos gusto o atención, y que por ello el inspector denunció al peluquero quien en consecuencia tuvo que pagar la tasa correspondiente, aconsejo la creación del CILFTP, (cuerpo de inspectores de lectura fraudulenta en transportes públicos) con la misión de denunciar a todos aquellos aprovechados que leen en el Metro o Autobús por encima del hombro del vecino.
- Un inspector de la CILFTP debería tener también la misión de denunciar a quien leyera en voz alta en público, para evitar que las personas próximas a él se aprovecharan de la lectura sin haber pagado el canon correspondiente.
- Prohibición terminante de que los escolares hereden los libros de texto usados por sus compañeros de promociones anteriores incluso en el caso de miembros de la misma familia como hermanos o primos. Para el seguimiento de esta prohibición se ha de contar con el profesorado y con el resto del personal de colegios e institutos, bedeles, administrativos... y no hay que descartar la fundación del CICUFLT (cuerpo de inspectores contra el uso fraudulento de libros de texto) quienes gozarán de la libre circulación por los recintos docentes para la vigilancia del cumplimiento de la ley.
- Prohibir ejercer sus actividades en España a la entidad Bookcrossing cuyos miembros van abandonando libros para quien los recoja los pueda leer y después decidir si se queda con ellos o los abandona para que sigan siendo el motivo del fraude de ser leídos sin que su autor o sus editores cobren el correspondiente canon.
- Como complemento de la propuesta anterior, las autoridades deben de meditar sobre el error cometido al haberse echado atrás en la decisión de cerrar las páginas de internet que atentaran contra los derechos de autor y cerrar http://www.bookcrossing-spain.com/
- La parte final de la nota del "Copyright" que me ha inducido a escribir La Parida se podría eliminar a cambio de asociar a cada ejemplar de la biblioteca una hucha similar a las antiguas empleadas para colectas del Domun, de forma que el lector echara en ella el óbolo que creyera adecuado tras la lectura y que sería una forma de pagar la tasa de lectura para la SGAE. He dicho bien tras la lectura y no antes pues así sería una forma de valorar la calidad del contenido del libro evitando pagar por un bodrio.
P.D. La parte final del último punto, pagar la tasa después de leer, me parece una reflexión muy seria, que no encaja con el tono sarcástigco del resto de propuestas. ¿Cuantas veces nos hemos sentido estafados tras la lectura de un libro que nos costó nuestro dinerito? y ¿a quién puedes dirigir tu queja? Si al comprar una lavadora encuentro que no cumple con las características prometidas puedo protestar ante las oficinas municipales de consumo con la posibilidad de obtener la devolución del producto. Pero con un libro no hay tal posibilidad, a mi me pasó con "El Código da Vinci" me fié de la propaganda que acompaña al lanzamiento de todo bestseller y resultó ser un bodrio.






