20 nov. 2015

La Marsellesa versus Marcha Real




Desde la edad de seis hasta los catorce años asistí al Grupo Escolar Calvo Sotelo del barrio San Pascual de Madrid donde recibí la educación primaria.

La primera actividad que realizábamos al entrar al colegio, tanto por la mañana como por la tarde a la vuelta de comer, era formar en filas y cantar el himno nacional con aquella letra creada por José María Pemán y cuyo significado no entendíamos.

Recuerdo como si lo estuviera viendo, la imagen del director, subido en el tercer peldaño de la escalera, desde donde dominaba visualmente las filas de los siete cursos a la vez que movía el brazo derecho en cuya mano sostenía una vara a modo de batuta y paseando la mirada inquisitoria sobre nosotros para descubrir a quien no mantuviera la debida actitud marcial.

Cada profesor se mantenía junto al primero de la fila de su curso, y no faltaba alguno de ellos que se paseara entre las filas como refuerzo de la disciplina.

El acto finalizaba siempre con los gritos del director  “arriba España” y “viva Franco”

Tras la llamada transición al himno se le despojó de la letra, pero me permitiréis que yo no pueda evitar recordarlo como desagradable por haberlo sufrido como una imposición doctrinal durante los años de mi infancia.

Tras los horrorosos recientes atentados de Paris, he leído en Facebook alguna entrada lamentando que en Francia la población haya usado su himno nacional, La Marsellesa, como icono indiscutible de unión y en cambio en España cuando suena el himno nacional provoque un sentimiento de división entre los ciudadanos españoles.

La Marsellesa desde su origen fue un instrumento de unidad popular en defensa principalmente de la libertad, como lo demuestra al haber sido prohibido en las épocas en las que el pueblo francés carecía de la dicha libertad durante el imperio y la restauración, y más tarde durante la ocupación alemana desde 1940 a 1945. https://es.wikipedia.org/wiki/La_Marsellesa

El himno español, la Marcha Real, es una marcha militar, pero su rechazo por una parte considerable de la ciudadanía, creo yo, que no se debe a su origen sino más bien al descrédito con el que se impregnó durante los cuarenta años de dictadura, y que no llega a ser mi caso, pues yo paso plenamente de signos como lo himnos y las banderas.