13 sept. 2017

EL PROCESO


No voy a escribir sobre la obra de Kafka sino del proceso catalán. (Lo he escrito en castellano por ahorrarme el buscar la palabra correcta en catalán).

Carezco de sentimientos nacionalistas, pienso que no es lógico sentir orgullo por aquellas cualidades que tengamos sin que seamos responsables de poseerlas, ejemplo el ser alto o  guapo, o madrileño…pues no tenemos ninguna responsabilidad en su consecución sino que dependen del azar en unos casos del lugar del nacimiento en otros de la herencia genética que nos tocó en suerte. Por eso muchas veces he manifestado que soy solariano  es decir ciudadano del sistema solar que es una forma de manifestar mi rechazo a la instauración de nacionalidades y en consecuencias de fronteras y vallas que impiden la libre circulación de personas, en especial de personas marginales.

Cuando este asunto empezó a tener cuerpo con el presidente Artur Mas sentí cierta ¿sana? envidia pensando en dos beneficios que obtendrían los catalanes al conseguir la independencia:

La primera razón de sana envidia es que los catalanes vivirían en una nación cuyo Jefe de Estado lo sería por elección y no por herencia, como marca la constitución española, que muchos dirán que fue votada por mayoría de los ciudadanos españoles, y es verdad aunque mi particular voto fue negativo, y el de muchos ciudadanos también hubiera sido así a no ser porque lo hicieron a favor por el temor inducido por dirigentes como Santiago Carrillo con aquella frase de “no es el momento de elegir entre monarquía o república sino entre democracia o dictaduraAhora pienso que ese momento de cambio en La Constitución ya está tardando, máxime que si tuvimos cuarenta años de ilegalidad dictatorial, al acabar dicha ilegalidad con la desaparición del dictador, automáticamente se debió proclamar la República y entrar en la legalidad usurpada durante ese periodo de tiempo. Quizá con este párrafo me he alejado del asunto catalán, pero me he quedado muy a gusto.

La segunda razón es que dejarían los catalanes de soportar a Rajoy y su banda, que no tendrían un gobierno sustentado por un partido corrupto además ejerce un parlamentarismo, sin debates, basado en los golpes de decreto tras decreto con la fuerza apisonadora de la mayoría absoluta. Ahora veo que Cataluña ha estado gobernada por partido corrupto y en la actualidad ejerciendo el parlamentarismo de apisonadora.

De todo este proceso creo que lo que los catalanes no deben renunciar a su derecho a decidir su futuro por medio de una consulta popular pero con garantías. Actualmente lo tienen muy difícil principalmente porque para impedir la celebración de un referéndum, el gobierno de Rajoy se apoya en argumentos legales cuando en realidad echa mano de éstos para ocultar su verdadero motivo el nacionalismo español que además recibe apoyo por parte de muchos dirigentes socialistas y del parido Ciudadanos a los que se les ha oído echar mano de la frase de “quieren romper España” (me recuerda a mis años escolares en la nefasta asignatura de Formación del Espíritu Nacional donde el profesor falangista nos decía España unidad de destino universal que nadie entendía bien sobre todo lo de universal ) Estando así las cosas no hay arreglo posible, y estoy de acuerdo con los que dicen que para apagar este incendio se necesitan bomberos y no pirómanos.

La solución pasa por el diálogo en principio para conseguir que el referéndum catalán sea posible, si para ello se ha de modificar la constitución que se haga, ya va siendo hora. Por supuesto se ha de garantizar que las campañas a favor del sí y del no se hagan con garantías, y promocionando los argumentos serios y objetivos, huyendo de los etéreos nacionalistas de uno y otro lado. Para el ciudadano que vaya a votar le debería de importar saber detalladamente qué proyecto de país (hacienda, sanidad, educación, seguridad…) le ofrecen los partidos separatistas. Por supuesto el votante debería analizar objetivamente las pegas y dificultades con las que se van a encontrar con la independencia que le van a exponer los partidos contrarios a la separación.



11 sept. 2017

EL ABURRIMIENTO

Desde muy niño los tres meses de vacaciones escolares las pasaba yo en el pueblo natal de mi madre situado a unos cincuenta kilómetros de Madrid, alojado en casa de mis tíos. Allí me sentía como en mi propio hogar pues tanto la hermana de mi madre como su marido me trataron siempre como a sus propios hijos los cuales eran, y siguen siendo, para mí como mis hermanos mayores aunque las circunstancias de la vida  hacen que en la actualidad nuestros encuentros sean escasos
El negocio familiar de mis familiares consistía en una tahona en cuyo obrador se elaboraba los panes y colones candeales, tipo de pan que me gustaba muchísimo, y que en la actualidad cuando lo encuentro en algún establecimiento de Madrid lo adquiero para consumirlo con nostalgia recordando que muchas veces ayudé a su elaboración pues diariamente se hacían tres hornadas la primera empezaba  a las doce de la noche y la tercera a las siete de la mañana hora a la que bajaba yo al obrador y sustituía a mi tía. Era un placer encargarme de las pesadas y dar forma de pan redondo o barras tipo colón  las porciones de masa que se dejaban reposar mientras se encendía el horno durante media hora que aprovechábamos como descanso y para echar un cigarrillo así aprendí dos cosas: el oficio de ayudante de panadero y a  liar cigarros. (Entonces el fumar no estaba demonizado).
Al llegar al pueblo al principio del verano del año que cumplí los diez años, me encontré con que tres de los chicos del pueblo  con los que jugaba todos los veranos, mis amigos, se habían hecho monaguillos por lo que me sumé con ellos a una labor que me gustaba sobremanera. El tocar las campanas de llamada a las misas labor que continué realizando años posteriores, lo que ocasionó que también me arrastraran a asistir a unas charlas que el párroco daba a los tres acólitos una o dos tardes por semana en su despacho.
A partir de ingreso en FEMSA, mis vacaciones se acortaron limitándose al mes de Agosto y mi estancia veraniega en el pueblo pasó a ser de tan sólo algún fin de semana con lo que los toques de campanas y la asistencia a las charlas quedaron  interrumpidos, hasta no recuerdo bien si fue ya con 16 o 17 años, que volví a pasar allí mis completas vacaciones de Agosto. Mis amigos ya no tocaban las campanas pero seguían con las charlas del párroco y yo reanudé mis actividades de ayudante de panadería y de oyente en casa del cura, quien para asegurarse la asistencia daba las conferencias alrededor de una gran mesa redonda en cuyo centro había un paquetón de picadura de tabaco cubano, librito de papel Bambú, cerillas y ceniceros para que pudiéramos hacer uso de este material a discreción.
He de decir que al antiguo grupo se unió un nuevo miembro llamado Fulgencio de fuerte constitución, veraneante como yo, y  estudiante de sexto de bachiller o quizá de COU en Madrid.
El caso es que al salir de las charlas comentábamos chascarrillos emanados de las mismas, tras una de ellas basada en el llamado sacramento de la confesión comenté que un tío mío me contó que de chaval le gastaban bromas al párroco, que era muy viejecito, y que consistían en confesarse de unos pecados horrorosos cosa que a Fulge le llamó mucho la atención, y decidió ponerlo en práctica.
Cada semana este chico se confesaba y comulgaba. Nos contó que en el confesionario se acusaba de “pecados” relacionados con el sexo. Ejemplo acosos sexuales a sus primas, a su abuela, bestialidades como follarse a una cerda... El cura le recriminaba estos hechos y él se defendía alegando que durante las siestas  se aburría lo que le provocaba unos deseos sexuales sin freno. Nosotros nos reíamos y le decíamos que nos contaba unas historias increíbles.
Una tarde, como de costumbre, habíamos quedado citados para bañarnos en una cantera cerca del pueblo, Fulge, para quien la natación era un deporte que practicaba habitualmente, solía ir a la cantera nada mas comer el resto salíamos del pueblo más tarde hacia allí. Aquel día  llegando al pie de la cuesta que acababa en la cantera vimos al cura bajando la misma corriendo con la sotana a medio recoger. Pasó por nuestro lado despavorido creo que ni nos vio. Cuando llegamos arriba estaba Fulge en bañador y nos dijo: Sabéis que el cura venía también a bañarse y le he dicho “menos mal que ha llegado usted pues pensaba ya irme muerto de aburrimiento”.